
Capítulo uno
Cómo se recupera una pyme cuando su equipo directivo desaparece de la noche a la mañana? ¿Cómo regresa a la actividad un empresario después de meses en estado de coma a causa de un accidente? Son ejemplos que pueden parecer extremos y, sin embargo, son reales. Nos hablan sobre cómo la resiliencia nos puede ayudar a salir prácticamente de cualquier situación y hacerlo con mayor fortaleza que antes.
Buena muestra de lo anterior es la experiencia de Javier Benavente. Este sénior de SECOT pone su conocimiento al servicio de Ismael García, un empresario de hostelería que busca la manera de sacar partido a la actual crisis e impulsar la conciliación en su restaurante.
Sénior de Secot
Javier Benavente es un emprendedor y empresario vocacional. En 1985 creó Alta Gestión -origen de Human Group- y lo hizo partiendo de cero. Dos décadas después, en 2005, cuando la vendió a la mayor multinacional del sector a nivel global, la empresa tenía una plantilla de 25.000 personas y facturaba en servicios a empresas más de 300 millones de euros.
Ya en 1999, Javier fundó Alares, de la que hoy sigue siendo presidente. Se trata de una empresa especializada en el desarrollo y prestación de servicios, así como en el diseño de estrategias para la fidelización de empleados, clientes y distribuidores, para potenciar los resultados de las empresas-clientes, su imagen y su diferenciación en el mercado. Javier es un experto en unir la Responsabilidad Social a la estrategia de negocio de cada empresa. Además, gestiona actividades, procesos (outsourcing) y contact center para empresas que llevan a cabo personas con discapacidad.
Una de las primeras cuestiones que Ismael plantea a Javier resultará familiar a prácticamente cualquier empresario y tiene que ver con el temor al cambio. “Javier, ¿te has visto en esta tesitura de tener que hacer cambios con los miedos que conllevan?”, plantea el restaurador. La respuesta del sénior de Secot no puede ser más aclaradora: “Por supuesto. Las crisis son permanentes. Toda mi vida ha sido un tobogán en el que sucedían éxitos y crisis. Pero lo que importa, al final, es el resultado neto”.
Aunque pueda parecer poco tranquilizadora la respuesta de Javier, lo cierto es que su propia experiencia personal es la prueba de que, efectivamente, es posible salir reforzado de cualquier dificultad que se pueda encontrar un empresario en su trayectoria. “He tenido crisis muy profundas. Me han robado el equipo directivo y me he quedado sin nada. He sufrido un accidente que me dejó meses en coma. Cuando ves estas situaciones, te asustas. Pero a la hora de la verdad, yo he salido reforzado de ellas”, asegura el experto.
Pararse a pensar ha sido la clave que ha permitido a Javier superar todas esas situaciones críticas. Una experiencia que también ha vivido Ismael durante los últimos meses, en los que la actividad del restaurante ha sido menor a causa de la pandemia: “Normalmente no dispongo de tiempo. Sin embargo, durante esta época de crisis he tenido el suficiente como para disfrutar de hobbies y he podido también dedicárselo a mi hijo, a mi mujer y a mi casa. Eso es lo que me ha permitido darme cuenta de que necesito disfrutar de un tiempo extra para mí y para mi familia. Y también ver que mi personal lo necesita”.
Para Javier Bevante, las crisis son momentos para asumir el presente y pensar en el largo plazo. “Las crisis siempre han sido una oportunidad después del susto. Yo trabajo en mi empresa con bastantes personas con discapacidad, que todos los días me enseñan el valor de la resiliencia cuando hay que afrontar ciertos problemas”, puntualiza el experto sénior.
Un apartado, el equipo humano que trabaja en la empresa, que Javier Benavente considera fundamental para su éxito. Por eso, recomienda a Ismael que no pierda de vista sus necesidades y que apoye a sus trabajadores con medidas reales.
“A lo largo de mi vida, yo no he sido capaz de hacer nada sin mi equipo. En una situación de crisis, te preguntas: ¿Qué les pasa a mis empleados y a sus familias? ¿Qué puedo hacer yo por ellos para que ellos lo hagan por mí también? Eso se tiene que realizar con servicios tangibles, concretos, no con palabras. Así, cuando vengan a trabajar, van a sentir su trabajo como algo suyo, van a estar enamorados de ello”, explica el experto.
Se trata de una política que también conviene trasladar a los clientes, según Javier. “En mi caso, yo lo hago exactamente igual con mis clientes. ¿Qué problemas tienen en este momento y cómo puedo yo solidarizarme con su situación, en qué les puedo ayudar? Al final, detrás de empleados y clientes hay siempre personas”, finaliza.
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